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Escritor negro o fantasma


El escritor fantasma

El escritor fantasma o negro literario: ese sujeto singular que engloba a la pluralidad de escritores que se ganan la vida entre bambalinas; escritores de raza que, como las meigas, no existen, pero que haberlos haylos. Picadores de letras, artesanos de la palabra, vendidos a autores célebres y no tan célebres que pueden darse el lujo de pagar.
El escritor fantasma o negro literario designa al escritor que desempeña su labor sin más taquígrafos que él mismo ni más luz que la de su escritorio.

Talentos desiguales

Si existe esta figura del escritor fantasma es porque un tipo de talento no necesariamente conlleva otro. Hay quien es capaz de pergeñar historias jugosas y, sin embargo, puede no saber cómo hacer literatura con ellas. Puede que cierta gracia sea venderse con ídem (o menos ídem) y contarlo; claro, hacerlo por escrito y que tenga la misma enjundia es harina de otro costal.
tiempo, lo esté de inspiración o de ingenio. No tiene uno todos los años de la vida iguales.
Y más cosas: escribir es un oficio exigente. Tampoco quien tiene algo que contar está obligado a saber cómo estructurarlo o cómo imprimirle el ritmo adecuado; ni lo está a saber cómo combinar audacia con mesura o cómo cautivar.

El escritor fantasma o negro literario: un oficio en la sombra

A veces solo edita o embellece, es decir, contribuye con sus conocimientos a redondear lo que el autor ha esbozado. Pero el escritor fantasma sigue siéndolo aunque su intervención sea menor.
¿Por qué sigue siendo fantasma? Su labor no queda reflejada, no se reconoce que ha estado ahí ni que le corresponde buena parte del mérito. El crédito se lo lleva íntegro quien firma. Ese es el acuerdo. Ni seudónimos ni regalías que se pudieran detraer de las ventas.
Los contratos entre el escritor fantasma y la parte contratante suelen tener una cláusula de confidencialidad en virtud de la cual:
  1. La parte contratada se compromete a no divulgar pormenores relativos al encargo.
  2. La identidad de la figura para la que trabaja queda salvaguardada.
  3. Se pactan unos plazos de entrega y un precio.
No obstante, sea verdad, posverdad o maledicencia: se dice de Vargas Llosa que ofreció en otro tiempo este tipo de servicios y que es él quien tira ahora de ellos. También se dice del rey Stephen King y del mismísimo Shakespeare. Puedes acceder a más información.

Un invento que viene de lejos

Escritor fantasma o negro literario, que casi se lo denomina más así, al menos, por estos lares. En el mundo anlgosajón, en cambio, prevalece el primero: ghostwriter.
Se cuenta que Alejandro Dumas padre está en el origen de la expresión por tener una factoría de negros a su cargo. Hasta 76, dicen, organizando tramas, recabando datos… Una plantilla que más de una editorial quisiera poder sostener hoy. Y, según la leyenda, un negrero mayúsculo. Aunque algo haría bien el hombre: los negros que se emancipaban para vivir sus propias aventuras literarias, no parecían alcanzar el éxito logrado bajo su techo. Tal fue el caso de Auguste Maquet. Aunque también hay críticos que dicen que quien acuñó el término (Eugène de Mirecourt; corría 1845) tuvo como propósito urdir una campaña de desprestigio contra Dumas padre.

No solo figuras famosas o públicas, sino músicos, compositores, políticos e incluso papas han utilizado la pluma invisible de algún escritor fantasma.
Pero ¿por qué alguien contrata los servicios de otra persona para que escriba por él y lo oculta?

El escritor fantasma y la ética

Como te decía al inicio, también recibe el poco honorable apelativo de mercenario. La RAE presenta dos acepciones que me interesan en este sentido:
  1. adj. Dicho de un soldado o de una tropa: Que por estipendio sirve en la guerra a un poder extranjero. Apl. a soldado, u. t. c. s.
  2. m. y f. Persona que desempeña por otra un empleo o servicio por el salario que le da.
Eres un mercenario si trabajas para el enemigo o si lo haces en lugar de otra persona… suplantándola. El punto es yo te pago a ti para que tú hagas algo en mi nombre, aunque el mérito será íntegro para míEn ambos casos se refiere a algo poco ejemplar 1. La figura del escritor fantasma crea en el lector la ilusión de que quien firma es el que escribió. Es obvio que se le engaña al lector.

Tampoco los concibes revelando que no han sido ellos, que detrás ha estado la figura diligente de un escritor fantasma.
¿Imaginas a políticos de la talla de José María Aznar o Felipe González dedicados al noble trabajo de escribir? ¿Los imaginas ocupados en organizar, componer, escribir, reescribir, corregir, recorregir, editar… en medio de esas agendas que gastan?
¿E imaginas a un escritor fantasma descubriendo el pastel, contraviniendo su acuerdo, cargándose el propio sustento?

El ego del autor

La lana se carda entre dos egos: uno más exhibicionista o poderoso y otro menos dado a dejarse arrullar por alabanzas. Entre el de quien se lleva los elogios y el de quien se brinda a que esto sea así. Entre quien firma y su escritor fantasma, que bien puede hacerlo porque no le interesa la fama; vaya usted a saber por qué. Dos egos, en cualquier caso, que se combinan porque se necesitan: uno poderoso y otro menesteroso.
Dice Víctor J. SanzEl ego del escritor es una de las pocas cosas que se ven desde el espacio a ojo desnudoEl escritor es una forma de vida compuesta por un gran ombligo y un par de ojos para no dejar de mirarlo nunca jamás.

(Hago un paréntesis para decir que son egos de un paradigma antiguo, de un tiempo anterior. Si no los alimentamos, tardarán menos en extinguirse).
Pero el ego de quien se llama autor sin serlo es, si cabe, más visible aún desde el espacio. El escritor tiene al menos una disculpa: el esfuerzo de articular una gran orquesta y de construir un escenario en el que exhibirla; un esfuerzo que no es comparable al de quien solo puso la cartera. Y sin embargo, ahí está el de la cartera, oteando el mundo desde una atalaya fabricada a su medida. El escritor del ego menesteroso no supo poner coto ahí.

Una reivindicación personal

Seguramente sabes que tengo una trayectoria que durante algún tiempo ha consistido en otro noble arte: el de combinar dos ocupaciones, la decoración de interiores y la escritura. Esto viene a que aún no son muchos los libros que he ayudado a que vean la luz y a que también escribo por encargo. No tengo inconveniente en decirlo.
Y no lo tengo por varias razones:
  1. Porque vuelvo a lo del talento y a mi convicción de que no todos valemos para todo, ni puñetera falta que hace.
  2. Mis clientes no solo valoran mi trabajo, sino que lo reconocen en sus publicaciones sin ningún tipo de inconveniente.
  3. Saben que este oficio nada tiene de vergonzoso; que hay hueco para todos los que intervenimos.
  4. Y saben también que este de escribir es un trabajo coral y que es de gente decente reconocer a cada quien por lo que hace; y no solo lo es de gente decente, sino de gente que se conduce con ética.
  5. Que esta labor de contribución en nada desmerece la suya: uno es quien inspira; otro, quien escribe.

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